Como la semana pasada comenté un poco en qué consiste el storytelling y por qué funciona, hoy pondré algunos ejemplos de storytelling bien hecho, que en mi opinión logra sus objetivos.
Uno
de los ejemplos más claros de la efectividad que puede tener
recurrir al storytelling lo tenemos en Steve Jobs, ex presidente de
Apple. Este personaje destacaba por su gran capacidad de oratoria.
Tal era su talento discursivo que Jobs fue utilizado en muchas
facultades como ejemplo de lo que todo buen discurso debe tener.
Un
ejemplo de este talento para contar historias es la ceremonia de
graduación de la Universidad de Stanford en junio de 2005. La
dimensión del acontecimiento al unir el alto prestigio de la
institución al éxito empresarial de alguien que no era
universitario, convertía, en una intervención de no más de quince
minutos que potenciaba el mito del “self-made men”, sus vivencias
personales en una experiencia a compartir. El arquetipo del poder y
el conocimiento de uno mismo.
En
este caso Jobs basó su historia en la combinación de tres momentos
emocionales. El primero, referido a su historia de adopción y a la
de un adolescente al que la suerte le permitió conocer el valor del
diseño tipográfico, lo que le serviría para diseñar el primer
ordenador con fuentes de letras propias. El segundo, las vicisitudes
que permitieron la creación del primer Macintosh. Y el tercero y
clímax final, su resurrección personal tras vencer un cáncer de
páncreas y recobrar el dominio de la empresa que había creado. Una
historia mítica y cercana, que el marketing viral expandió y
engrandeció, para mayor gloria de Apple.
Esta estrategia también se utiliza en publicidad.
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